El amor está de la fregada, el marketing también.

 

Sí, todos pasamos por ese obscuro laberinto donde lo que pensamos que era nuestro pilar de vida deja de tener sentido, todos en algún momento carecemos de inspiración y quisiéramos sin pensarlo ni un poquito tirar la toalla, lo más lejos que se pueda.

¿Por qué si tiempo atrás parecía una muy buena idea, hoy parece todo lo contrario?, ¿por qué si me motivaba tanto hoy no quiero ni saber de eso?, ¿Por qué si llegó a ser en lo que más pensaba y en lo que más energía invertía hoy siento un vacío entre el estomago y la garganta?.

¿Hablamos de tu proyecto de negocios o de esa/ese que creías era el amor de tu vida?, del que quieras, de los dos.

No tengo la respuesta a ciencia cierta de qué pasa en todos los casos, pero concretamente sé que sucede cuando la inspiración se acaba, hay quienes dicen que es justo el puente colgante a punto de caer que da pavor cruzar justo entre el enamoramiento y el amor maduro, o bien, entre la inversión inicial y el punto de equilibrio que está tardando en llegar.

 

Ya no disfrutas tanto dedicarle tiempo a eso que antes de pulsaba tanto, sientes que tus esfuerzos empiezan a ser improductivos y que por más que insistes no vas a ningún lado, empiezas a compararte con todo y con todos y piensas constantemente en qué hubiera sido de no haber elegido eso como opción, a lo mejor ahorita ya tendrías un mejor trabajo, a lo mejor dedicándote a otra cosa ya tendrías éxito, a lo mejor no naciste para esto.

 

Ya no disfrutas tanto pasar el tiempo juntos, antes bastaba con quedarse mirando a los ojos para que el tiempo fuera sumamente aprovechado y que valiera la pena cada bocanada de aire, ahora las cosas se empiezan a poner densas, un mensaje más, un mensaje menos, lo que dice ya no llega a tu corazón y empiezas a pensar que no era tan todo lo que pensabas, a lo mejor estaban mejor solos, a lo mejor les correspondían otras parejas, a lo mejor no te quiere tanto como creíste, a lo mejor no sabe ni lo que quiere, a lo mejor tú tampoco.

 

Y, ¿si le invierto más dinero y no es esta una buena opción y al final lo pierdo todo?, y ¿si le dedico más tiempo, más cariño, más pasión y no es tan buena opción y al final lo pierdo todo?

 

Llega ese momento en el que las decisiones no son tan fáciles ya, el efecto de la dopamina está pasando… químicos cerebrales que nos hacen pensar que tenemos la verdad absoluta, ya no te sientes el dueño sabelotodo del mundo por esa genial idea. Ya no te sientes el ser humano más afortunado del mundo por esa idílica relación. SE ACABÓ.

 

Ok, ya le bajo al drama, nos regresamos tantito y aunque sí todos esos sentimientos están presentes por momentos y más en estás fechas tan llenas de altibajos emocionales y de gastos inevitables, es ahora cuando más fuertes, claros y serenos debemos obligarnos a estar. No es que el negocio no sea negocio, es que en estos momentos no está siendo. No es que esa pareja no sea tu felicidad, es que en este momento no te está haciendo feliz.

 

Uno de los errores más graves y desafortunadamente más comunes de los emprendedores y los enamorados es TOTALIZAR, creer que por un mal día la raíz entonces está mal ya. No llega más lejos el que más rápido avanza, llega más lejos el que lo hace con más firmeza, con más equilibrio, con mayor concentración y más resistencia.

 

No es momento de darte un mensaje ultra motivador que te devuelva el brillo a los ojos y que haga que te llenes nuevamente de amor y de energía, es momento de decirte que los negocios se logran poniendo mucho de nuestra parte, incluso más de lo que queremos poner. Las relaciones sólidas se logran poniendo mucho de nuestra parte, incluso más de lo que queremos poner. Ponte a prueba a ti mismo y anímate a cruzar el puente, ¡no hay absolutamente ninguna otra forma en que puedas llegar al otro lado!, por cierto, FELIZ NAVIDAD y muy decidido, decretado y trabajado PROSPERO AÑO NUEVO.

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